Agosto 30, 2009

Mitos y realidades

Publicado y debatido en Cubaencuentro.

Un número significativo de opositores cubanos —así como otros actores sociales— no sabe a ciencia cierta lo que desea para una Cuba postransición. Esa es la causa de que a veces den a entender que se sentirían muy a gusto si sobreviniera un panorama político regido por las bases éticas, políticas y económicas de un socialismo cubano en versión light (castrista).

Sin reparar en el coste final, algunos demócratas han comprado el discurso hábilmente elaborado por académicos de filiación socialista, cuyo objetivo central es lograr un supuesto "socialismo democrático" que nada tiene que ver con lo que en el mundo hoy se entiende por tal (socialdemocracia).

Las propuestas de estos intelectuales buscan perfeccionar el sistema socialista cubano a partir de la realización de determinados cambios que lo atemperen y adecúen a las nuevas realidades nacionales e internacionales, pero todo ello sin abandonar la esencia del régimen.

Los demócratas cubanos, sin necesidad de ajustarse a las reglas de nadie, también —¿por qué no?— tienen derecho a preguntarse qué quieren para su país y, sin complejos, ofrecer una alternativa democrática diferente; aunque ello signifique realizar cambios profundos en todos los órdenes. Esta labor es casi imposible si antes no se desmontan diversos mitos.

El primer mito es el de la supuesta moderación. La verdadera moderación es la del que cree en la democracia; es la postura del que respeta el pluralismo, pero no la del que permanece aquiescente ante la falta de libertad; porque en ese caso la moderación se convierte en indiferencia o indolencia, posturas éticamente inaceptables.

Por tanto, no se le puede llamar intransigente al que discrepa del régimen o de las estrategias de otras personas, aun cuando lo haga en un momento en el que creemos que no es conveniente hacerlo, siempre y cuando la discrepancia se manifieste por medios pacíficos.

¿Por qué solamente hay que aceptar como moderadas las propuestas venidas de unos cuantos? ¿Acaso la legitimidad no viene de la condición de ciudadano y la moderación del cumplimento de la justa ley? En ese sentido, si alguien peca de falta de moderación, no es precisamente la mayoría de la oposición o del exilio, sino quien impone por todos los medios un statu quo inamovible.

Reformas: un medio y no un fin

El segundo mito es el del reformismo. La opción reformista ha sido acertadamente defendida por gran parte de la oposición, con la esperanza de que haya figuras en el seno del régimen que sean capaces de plantear y/o implementar ciertos cambios relevantes.

La idea del cambio desde dentro no es nueva; por ejemplo, en España, fue muy exitosa. Sin embargo, para ello tendrían que cumplirse al menos dos de estas premisas: a) igual que para que haya democracia tiene que haber demócratas, para que haya reforma tiene que haber reformistas con voluntad de serlo; b) tienen que existir instituciones que funcionen y que muestren aunque sea un mínimo indicio de que apoyarían un debate sobre las reformas (en España fue la Corona y el propio Congreso); c) tiene que haber una oposición unida, convertida en un actor político que presione con sus propuestas; y d) tiene que existir una labor internacional que favorezca la reforma.

Ser reformista no significa ser buena persona o tener un talante campechano; el reformista, ante todo, demuestra una voluntad real de cambio (independientemente de hasta donde quiera llegar). El reformista por excelencia no es el oportunista que da el paso al frente cuando la reforma está en movimiento, y ve imposible el regreso. Tanto en España como en Rusia, los reformistas mostraron sus credenciales mediante sus propuestas antes del gran cambio.

En todo caso, creyendo que el reformismo es un camino que no deberíamos desechar los cubanos, debemos ser conscientes de que la reforma es solamente una etapa del proceso de transición. Es un medio y no un fin. El único fin debe ser la democracia plena, con el respeto de todos y cada uno de los derechos humanos. Por tanto, el verdadero reformismo es muy distinto al que sostienen algunos, que consiste en realizar cambios cosméticos para instaurar una versión corregida del mismo régimen, pero reciclado. El gatopardismo tampoco es reformismo.

El tercer mito es el del socialismo democrático, entendido como sistema. No existe ni una sola experiencia que avale la existencia de un socialismo democrático, en tanto que sistema político, económico y social. Cosa muy distinta es que los partidos socialistas y socialdemócratas, desembarazados de cualquier vestigio comunista, formen parte del modelo democrático, del Estado de bienestar y de la economía de mercado.

En este caso, el socialismo democrático no es más que una opción política, un partido más en el abanico de posibilidades entre las cuales podrán elegir los ciudadanos, pero siempre dentro de las reglas del Estado de derecho. Por consiguiente, lo que algunos en Cuba llaman "socialismo democrático" no es otra cosa que una opción partidista, pero elevada a la categoría de régimen político y con pretensiones de permanencia indefinida en el poder.

Los que creen en este supuesto socialismo democrático niegan la posibilidad de que prosperen las alternativas distintas al Estado socialista. Luego, aunque se cuiden los modos y las formas, sigue siendo por su esencia una propuesta profundamente antidemocrática.

Pelajes y costumbres

Lo políticamente correcto se ha impuesto en el debate sobre Cuba, gracias a la propagación de estos y otros mitos. Como si de dogmas se tratase, hay quien pretende que todos sigamos ciegamente lo que algunos han bautizado como "moderación y reformismo", cuando en realidad no lo son; o aceptar una especie de sistema socialista bueno, del cual nunca se ha tenido noticias.

El discurso político democrático se ha dejado condicionar por estas ideas, influyendo lamentablemente en la valoración apresurada sobre otros opositores. Durante mucho tiempo, utilizando estos mitos, también se ha vendido la idea de que el exilio es por definición el baluarte del pensamiento y la praxis más radical y reaccionaria. Un estereotipo que se refuerza mediante la combinación de medias verdades y mentiras totales para demonizarle.

Dejando a un lado cualquier infantilismo político, hay que reconocer que en todas partes cuecen habas y que en casi todos los cielos vuelan halcones. Pero no habrá que esperar mucho tiempo para ver cómo la mitomanía nacional, quizás en acto de arrepentimiento, nos narre el relato fabuloso de cómo y cuándo de las entrañas de algunas mansas palomas salieron los zorros del oportunismo criollo.

Ya lo decía el proverbio latino: "Vulpes pilum mutat, non mores". Lo cual, en castellano quiere decir que el zorro podrá cambiar de pelaje, pero nunca modifica sus costumbres.

© cubaencuentro.com

Agosto 1, 2009

HONDURAS: HIPOCRESÍA Y DESCARO

Julio 14, 2009

Los pilares de la nación

“Desde el punto de vista moral, la Cuba que viene ya se podría estar configurando hoy”

(…)

Por ello, a la hora de pensar el futuro, no podemos contentarnos confiando que Cuba es una "isla de corcho" que siempre sale a flote a pesar de sus desgracias. Aunque lo que pueda venir tenga posibilidades de ser cualitativamente mejor que lo actual, tendríamos que preguntarnos con seriedad qué país queremos.

El milagro de Miami puede orientarnos, pero no podemos perder de vista que ese gran enclave cubano está bajo el amplio paraguas de las instituciones norteamericanas, en especial, del poder judicial. El know how (saber hacer) miamense difícilmente sería aplicable en un ambiente de irrespeto a las instituciones o en una nación sin conciencia de hacia dónde quiere ir.

Podríamos comenzar apoyándonos en los mejores valores alcanzados en el período republicano (por ejemplo, lo aplicable de la Constitución de 1940), pero, al mismo tiempo, sin permitir, como sucedió en el pasado, que la irresponsabilidad, la inmadurez emocional de seguir ciegamente a un líder carismático y la falta de respeto a las instituciones democráticas se sobrepongan a la estabilidad que ofrece una sólida institucionalidad…

Lea aquí mi último artículo en el diario Encuentro.

Junio 24, 2009

La libre iniciativa: la solución

Artículo en el periódico LA PRIMAVERA DE CUBA (en pdf)

La libre iniciativa: la solución

La única solución, la única vía para salir del gran descalabro nacional es permitir la libertad de iniciativas, la libertad para emprender…

/ Yaxys Cires Dib

En los últimos meses ha empeorado la de por sí maltrecha economía cubana. En la nada están quedando aquellas proyecciones oficialistas de un 6% de crecimiento del Producto Interno Bruto. Nada más alejado de un panorama en el que los más optimistas creen que la cifra rondará el 1%.

La consigna “ahorro o muerte” lanzada por el ex presidente del Banco Central de Cuba, Francisco Soberón, supuestamente “liberado de sus funciones” por “voluntad propia” fue interpretada como un mensaje de socorro emitido quién sabe a quién – pues ¿qué más va a ahorrar un pueblo que se debate en la más absoluta miseria?-, pero que evidencia la cruda realidad económica y financiera de la isla.

No nos engañemos. No se trata de la crisis internacional, ni tampoco de las justificaciones que a lo largo de medio siglo el régimen cubano ha dado a los ciudadanos. Las causas son principalmente endógenas y no exógenas como pretenden hacernos creer. La incapacidad de la sociedad cubana para generar prosperidad es producto de un ineficaz sistema económico subordinado a una mala dirección política.

Primero creímos que el país podía vivir de los subsidios enviados por la URSS o que podíamos sostener nuestro flujo comercial a base de precios o trueques que no se ajustaban a los del mercado, como aquellos que regían entre los estados socialistas. Tuvo que desaparecer el socialismo real para que se extinguiera una realidad ficticia que nunca debió existir.

Sorprende sobremanera ver a algunos, entre ellos economistas, que añoran aquellos tiempos, mientras muy pocas personas cuestionan si aquel era un modelo económico de prosperidad. Solamente tendríamos que preguntarnos: ¿Recibir dinero (subsidios) garantiza la creación de riqueza? No ¿Los intercambios económicos obedeciendo a una dinámica comercial ficticia establecida por el Politburó no hace más competitivos y eficientes? Tampoco.

La desaparición de la realidad virtual trajo como resultado que el régimen tomara ciertas medidas económicas para hacer frente a la real, que eufemísticamente llamaría “período especial”, cuando el especial era el anterior. Una de las medidas fue la apertura a las inversiones extranjeras en determinados sectores de la economía nacional. Dicha decisión comenzó a concretarse en sectores como el turismo y la minería, siempre con las limitaciones legales, administrativas y prácticas intrínsecas al socialismo, pero que de alguna manera también recordaban que la tímida apertura era algo no deseado. Aunque hay que señalar que casi toda la inquina fue descargada sobre los “trabajadores por cuenta propia” (la otra tímida medida), lo cual provocó que no tardaran en comenzar a cerrar sus pequeños proyectos.

En los últimos años el panorama de las inversiones extranjeras en Cuba se ha ido complicando para las empresas inversoras, entre otras razones por la vuelta a la economía “subsidiada”, esta vez por parte de Venezuela (ahora a la baja).

Pero independientemente de la suerte que corran en este panorama las inversiones foráneas, hasta ahora no se han notado en la economía cubana real los efectos de esa medida “liberalizadora” tomada en los noventa.

Aquí tendríamos que plantearnos otra interrogante: ¿Es positivo que la economía dependa solamente del capital foráneo y no tenga fuentes nacionales de generación de capital?

Veamos el tema desde otro ángulo. Si cayeran todavía más las inversiones extranjeras, si no contara el gobierno con el apoyo de Chávez y con la remesa de los exiliados ¿de dónde sacaría dinero el régimen para pagar los productos que adquiere en el exterior? Ante un hipotético levantamiento del embargo, ¿de dónde sacaría dinero para pagar lo que compre en EEUU? ¿Cuba sería solamente un país comprador? ¿O un país eternamente endeudado? ¿Estaría interesado EEUU o cualquier país del primer mundo en los bienes de servicio que Cuba dice puede ofrecerles (maestros, médicos, etc.)?

La sociedad cubana enfrenta serios problemas sociales, algunos de ellos provocados por otros de índole económica, por ejemplo el grave déficit de viviendas. La única solución, la única vía para salir del gran descalabro nacional es permitir la libertad de iniciativas, la libertad para emprender, la libertad para que todo el que quiera pueda tener su negocio sin otras limitaciones que las de su propia capacidad o las del mercado.

Es la iniciativa privada, y no los subsidios o la extrema dependencia del capital externo, la que genera prosperidad en una nación. Son las empresas, en especial las pequeñas y medianas, las que crean y dan empleos. Cuba necesita urgentemente un giro en su sistema económico que le permita abrirse al mundo y a la propia isla. Cada vez que se apuesta por la economía del subsidio, provenga de donde provenga, estamos cerrando las puertas a la prosperidad nacional.

Junio 19, 2009

¿En peligro la Sociedad Anónima panameña?

Artículo publicado el 18 de junio de 2009 en el diario económico EXPANSIÓN.

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Junio 8, 2009

Victoria de los Democristianos y Populares europeos